Alerta entre especialistas: científicos advierten que el clima en Bariloche cambió de forma permanente y ya no se trata de una sequía pasajera

Un análisis de investigadores del INTA y el CONICET revela que la región andina experimenta una modificación estructural en sus ciclos hídricos. Los caudales se ubican sistemáticamente por debajo del promedio histórico desde 2007, consolidando un escenario de menor disponibilidad de agua para las próximas décadas.

La persistente escasez de precipitaciones en la región de San Carlos de Bariloche dejó de ser considerada una anomalía meteorológica transitoria para consolidarse como un cambio estructural definitivo. Así lo advirtieron científicos e investigadores locales, quienes señalaron que las variaciones observadas en los últimos años responden a una modificación permanente en el régimen climático de la zona andina. De acuerdo con los especialistas, las evidencias recolectadas demuestran que la balanza hídrica se inclinó de manera sistemática hacia valores negativos, configurando un nuevo piso de disponibilidad del recurso que dista de las medias históricas de la región.

El punto de quiebre en esta dinámica se sitúa a partir del año 2007. Desde entonces, año tras año, los caudales de las cuencas locales se ubicaron de forma persistente por debajo de los promedios históricos registrados en las décadas previas. Los expertos del sector, entre ellos los investigadores Marcos Easdale y Hurtado, explicaron que el escenario actual no representa una sucesión de malas temporadas climáticas o una sequía puntual provocada por la coyuntura del momento, sino la instauración de una nueva normalidad ambiental con un piso significativamente más bajo en los niveles de agua disponibles.

La gravedad del estrés hídrico actual se acentuó de manera drástica durante el inicio del invierno. Si bien el mes de marzo se presentó de forma atípica como un período en extremo húmedo, la tendencia se revirtió rápidamente con un abril levemente seco, dando paso a los meses de mayo y junio que resultaron extremadamente secos. Durante este último bimestre, los registros de precipitaciones cayeron a menos de la mitad de los valores esperables para la época, registrándose apenas unos 39 milímetros de agua acumulada a lo largo de todo el mes de junio.

A pesar de que el transcurso de julio viene registrando intensas lluvias e incluso se mantiene una mayor probabilidad de nevadas debido al desarrollo de la fase climática de El Niño, los científicos advierten que este alivio temporal no es suficiente para revertir el impacto del déficit acumulado. Debido a que mayo y junio constituyen los meses más relevantes para el aporte hídrico de la región andina, las autoridades técnicas concluyeron que será muy difícil que el comportamiento meteorológico del resto del invierno logre sobrecompensar la falta de agua registrada al inicio de la temporada.

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